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martes, 21 de noviembre de 2017
     
 

Ciudadanos ecológicos y sobre dos ruedas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Borja Martínez   
sábado, 11 de agosto de 2007
El pasado 16 de julio se publicó el suplemento Natura del diario El Mundo sobre el uso de la bicicleta como transporte. Analiza la situación en varias ciudades así como el explosivo "Bicing" de Barcelona.

Te lleva de puerta a puerta sin otro combustible que el de un buen desayuno. Ofrece rapidez y libertad. Y cuando regresas a casa no tienes que volverte loco buscándole aparcamiento. El sentido común parece bendecir la bicicleta como el artilugio ideal para conducirse por la ciudad. Pero palabras como peligroso o irresponsable son las que a modo de imaginario letrero escarlata vienen a la mente de una mayoría de ciudadanos cuando ven al ciclista urbano afanándose en sus eslálones cotidianos.

Artículo en su publicación original se encuentra en  http://www.elmundo.es/suplementos/natura/2007/16/1184364031.html


Los excéntricos del pedaleo, dispuestos a renunciar a un motor de explosión o a la masa humana que se hace malhumorada compañía en vagones y autobuses, siguen siendo objeto de un agudo rechazo que convierte el inocente gesto de coger una bicicleta en la gran ciudad en un supremo ejercicio de voluntad. No son los desniveles, ni la lluvia, ni el sudor, ni siquiera los taxistas, los principales inconvenientes; es una extraña unanimidad a la hora de atribuir al automóvil la exclusiva legitimidad del uso de la vía pública lo que convierte en proscritos a los ciclistas urbanos.

Al menos éste es el sentimiento que cada martes a las ocho de la tarde comparten en su asamblea semanal los miembros de Pedalibre, la principal asociación de cicloaficionados de Madrid. Uno de sus responsables, Iñaki Díaz de Etura, así lo certifica: «Obstáculos como la orografía, el miedo o el clima son en realidad barreras psicológicas que nacen del rechazo generalizado y la presión social que existe sobre el ciclista en la ciudad».

Ahora, como hace 35 años, cuando Laureano López Rodó pedaleaba por las calles de Estocolmo durante la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, la bicicleta sigue siendo para muchos seña de identidad 'naïf' del urbanita con conciencia ecológica. Pero algo está cambiando. Cada vez más gente acepta que la bici puede contribuir a hacer más habitables nuestras ciudades. El impracticable tráfico de la mayoría de ellas, la creciente sensibilización social ante el deterioro de nuestro entorno y el compromiso de los responsables políticos han hecho de la bicicleta, elemento extraño hasta hace bien poco en el paisaje de las capitales españolas, un objeto cada vez más habitual, como lo viene siendo desde hace tiempo en lugares de Europa con condiciones meteorológicas mucho más adversas.

«El cambio climático ha actuado como estímulo para que los políticos se tomen en serio la bicicleta», afirma Díaz de Etura. «Las medidas que se están tomando para fomentar su uso en la ciudad hubieran tardado mucho en caer por su propio peso. Ha resultado decisivo que la política encuentre atractiva la causa de la bicicleta». Un ciclista que olvida su coche deja de emitir a la atmósfera un kilo de CO2 por cada cinco kilómetros pedaleados, la distancia recorrida por numerosos automovilistas en sus itinerarios diarios por la ciudad. Éste fue uno de los mensajes de la campaña lanzada el año pasado por ConBici, la coordinadora ibérica para la promoción del uso de la bicicleta que reúne a 32 asociaciones de España y Portugal, en colaboración con el Ministerio de Medio Ambiente.

Pero los ciclistas urbanos reivindican lo suyo sobre todo como algo práctico. En recorridos cortos, de entre cinco y 10 kilómetros, la bici se ha demostrado un medio de locomoción imbatible. Pese a que muchos automovilistas consideran que entorpecen el tráfico, los ciclistas responsables contribuyen a aligerarlo: cada uno significa un coche menos o un asiento más en el metro o el autobús.

¿Cuáles son los retos? Ciclistas y asociaciones señalan principalmente tres. Hay que dignificar el uso de la bicicleta. Se trata de hacer un esfuerzo de educación y concienciación para que el ciclista se sienta reconocido como usuario legítimo de la vía pública y no quede voluntariamente proscrito a un rincón de la calzada. Pero también conviene que los ciclistas asuman su responsabilidad. «Proponemos una circulación defensiva y adaptativa en pos de la seguridad de todos», subrayan desde Pedalibre. «Las normas están hechas para los vehículos a motor, pero en todo caso hay que respetarlas. No podemos ir de víctimas y a la vez ser verdugos de la parte más débil de la seguridad vial, que son los peatones».

Otra de las asignaturas pendientes es la asimilación de la circulación ciclista al resto del tráfico urbano con la creación de las infraestructuras necesarias. Por último, uno de los aspectos en los que más inciden los usuarios de la bici: la necesidad de arbitrar medidas para propiciar el uso combinado con el transporte público.

El objetivo último es fomentar la utilización racional de los medios de transporte particulares y públicos. Se trata de quitar coches de la calle, pero sobre todo de liberar espacio urbano y mejorar su habitabilidad. Mientras, el ciclista está dispuesto a digerir una dosis extra de CO2 con tal de conducirse de otra manera y de reclamar su condición de ciudadano reflexivo, de catalizador de la atmósfera y del tráfico para proclamar que la tracción animal, humana en este caso, parece ser el futuro.

www.conbici.com


CIUDADES CON BICI

 

Gracias a la iniciativa de varias asociaciones locales -la mayoría de ellas agrupadas en la coordinadora ibérica ConBici (www.conbici.org)-, muchos ayuntamientos españoles han decidido recoger el guante de la movilidad sostenible y tomar medidas en favor de la bicicleta.

Madrid.

Tras las monumentales obras realizadas durante la pasada legislatura para facilitar la movilidad del automóvil, el Ayuntamiento de Madrid ha decidido que ahora le toca el turno a la bicicleta. Al cierre de los 64 kilómetros del Anillo Verde ciclista en torno al casco urbano se va a añadir la aprobación del Plan Director de Movilidad Ciclista, por el cual se pretende establecer una red de carriles-bici entre distritos de 274 kilómetros, adaptar la normativa de circulación a las necesidades del ciclista y la creación de un servicio de préstamo similar al que existe en otras ciudades españolas.

 

Valencia.

Pionera en el uso de la bici, se ha quedado rezagada en los últimos tiempos, al menos en comparación con el desarrollo de la experiencia ciclista en Barcelona o San Sebastián. La ciudad del Turia cuenta con una gran red de carriles-bici, pero los usuarios se quejan de que están deficientemente interconectados y de que los nuevos barrios carecen de las infraestructuras necesarias. - San Sebastián. En torno al Pacto Cívico de Movilidad aprobado en 1999 se ha desarrollado en San Sebastián una experiencia pionera en España por ambición y resultados. El establecimiento de ejes de prioridad peatonal y ciclista -los populares 'bidegorris'- ha propiciado que el uso de la bicicleta se haya triplicado en los últimos ocho años: es la ciudad española en la que más trayectos urbanos se realizan en bici, un 3% del total -muy lejos todavía del 30% alcanzado en algunas ciudades holandesas-.

 

Vitoria.

Es la otra capital vasca en la que el uso de la bicicleta está más extendido. Cuenta con una red de sendas que articula el casco urbano y lo conecta con su entorno. En total, dispone de 82 kilómetros de anillo verde y sendas urbanas y de un servicio gratuito de préstamo con 11 puntos de recogida y entrega.


Zaragoza.

Fue precursora en la celebración de las llamadas «masas críticas». Con el lema «Usa la bici a diario, celébralo una vez al mes», estas 'coincidencias organizadas', cuyo origen se sitúa en San Francisco en 1992, se han extendido por todo el mundo. Su variante nudista se hizo explícita el pasado 9 de junio cuando 300 ciclistas pedalearon desnudos por Zaragoza para reclamar la atención. Pedalea, asociación creada en 1990, reivindica para la capital aragonesa una red radial de carriles-bici y una combinación más eficiente con otros medios de transporte.

 

Sevilla.

El 5 de junio, ConBici entregaba al Ayuntamiento de Sevilla su premio anual al fomento de la movilidad sostenible. El consistorio ha trazado una amplia red de carriles-bici y está a punto de aprobar su Plan Director de la Bicicleta. Desde 2005 auspicia una Comisión Cívica por la Bicicleta, y en abril ha entrado en funcionamiento, en fase de pruebas, Sevici, un servicio de alquiler público de bicicletas que pretende, para 2008, poner a disposición del usuario 2.500 bicicletas públicas repartidas en 250 estaciones.

 


 

EL BICING REVOLUCIONA LA MOVILIDAD EN BARCELONA

ESTER CATOIRA | BARCELONA

 

Son las 12.30 en la Plaza de Cataluña de la Ciudad Condal. En tan sólo diez minutos, un hombre de 44 años y dos jóvenes de 27 y 32 han pasado su tarjeta por un lector situado en la acera, retirado sus correspondientes bicicletas y alejado pedaleando por la calzada compitiendo en gracia con el autobús. Se detendrán, seguro, media hora más tarde, dejarán su medio de transporte a disposición de otros ciudadanos en alguna de las estaciones habilitadas para ello, y dirigirán sus pasos hacia el metro, sus oficinas respectivas o la Universidad. Recién estrenado, el Bicing se ha convertido para muchos en uno más de sus gestos cotidianos, tanto, que de seguir al ritmo actual, Barcelona acabará incluso por superar a la ciudad que en este asunto le ha servido de modelo, Lyon, la primera de Europa en decidirse a implantar a gran escala el uso de la bicicleta como medio de transporte público individual.

En tan sólo tres meses desde la inauguración del servicio ofertado por el Ayuntamiento -del 22 de marzo al 22 de junio- los abonados superaban los 50.000, una cifra en constante alza que ha sorprendido incluso a los más optimistas y ha sacado a la luz el entusiasmo de la sociedad ante una iniciativa tan verde como saludable.

 

Un transporte de futuro.

Pensado para que el ciudadano cubra trayectos cortos en combinación con otros transportes públicos, el Bicing funciona con una tarjeta de abono nominal, unipersonal e intransferible que puede solicitarse a través de la página web del servicio ('www.bicing.com') o de manera presencial en la oficina de Atención al Usuario ubicada en la Plaza Carles Pi i Sunyer..

Los abonos, a un coste irrisorio (1 euro el semanal y 24 euros el anual), permiten el uso de la bicicleta durante 30 minutos. A partir de ahí, al abonado se le cobran 0,30 euros por cada fracción de 30 minutos de más hasta un máximo de dos horas, costumbre en la que no debe reincidir si no desea que a la tercera sea dado de baja en el servicio.

Al Ayuntamiento no le consta que haya muchos usuarios que superen el periodo de tiempo estipulado, aunque el tema ha sido motivo de controversia por parte del sector privado de alquiler de bicicletas, que ha acusado a aquél de competencia desleal. «Una situación -apunta Haritz Ferrando, coordinador del Bicicleta Club de Catalunya, BACC- que se puede solucionar fácilmente con un pequeño reajuste del sistema». Por su parte, el Ayuntamiento afirma que quiere crear una comisión de seguimiento para atender estas y otras demandas, como la relativa al mantenimiento y la redistribución de las bicicletas.

La primera fase de implantación, que culminará este mes de julio con la apertura de aproximadamente 100 estaciones y la puesta en circulación de unas 1.500 bicicletas, servirá para cubrir completamente la parte del centro y el casco histórico. El resto del año se dedicará a ampliar y mejorar la cobertura hasta alcanzar las 200 estaciones, a las que darán servicio 3.000 bicicletas. También se espera ampliar en 22 kilómetros los 128 de carril bici actualmente en servicio, aunque, como señala Haritz Ferrando, «salvo en las arterias principales, donde la circulación es más peligrosa, lo ideal es que en el 75% restante de la ciudad no haya estructuras segregadas». La implantación de «más Zonas 30 o de tráfico pacificado, la inversión en una red de buena calidad, reducir la velocidad de los coches y las motos para evitar accidentes» y, sobre todo, «ayudar a todas esas personas que gracias al Bicing se han animado a circular en bicicleta por primera vez, proporcionándoles herramientas para que aprendan cómo comportarse en las calzadas y en las aceras, en las zonas en que está permitido», son algunas de las prioridades. A la espera de que el sistema se vaya desarrollando, los usuarios están encantados: «¡Para desplazamientos cortos la bicicleta es genial!», exclama Núria, de 34 años, entusiasta del Bicing. «Evitas hacer transbordos en otros medios de transporte y además haces ejercicio». Pau, de 36, es de la misma opinión. «Uso la bici estrictamente para lo que la necesito, y sin necesidad de tener una en propiedad».


www.bicing.com


EDUCAR PARA LA CONVIVENCIA

Un plan para conciliar bicicletas y peatones. Más que nunca, el Bicing ha puesto en primer plano la necesidad de fomentar la convivencia en la ciudad. Para incentivarla, Joan Estevadeordal, presidente de Catalunya Camina, destaca la necesidad de «aplicar el plan director de la bicicleta que el Ayuntamiento aprobó ya el año pasado y concienciar a la sociedad de que este nuevo medio de transporte no es agresivo, sino amigo y saludable. Aprender a convivir requiere un civismo y un aprendizaje». A este respecto, Haritz Ferrando confirma la participación del Bicicleta Club de Cataluña en la campaña de información y formación que el Ayuntamiento iniciará tras el verano. «Nos han pedido dos cosas: un manual para usuarios y varios cursos prácticos y teóricos».

 

Modificado el ( miércoles, 14 de noviembre de 2007 )
 
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