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lunes, 20 de noviembre de 2017
     
 

La bici, reina parisina PDF Imprimir E-mail
Escrito por Angélica Pérez   
sábado, 11 de agosto de 2007
La bici en París sigue trayendo cola. En este artículo se analiza la situación después de que el ayuntamiento de la ciudad haya puesto 10.600 bicicletas en la calle. Otra eclosión como la de Barcelona. Curiosamente no cita ningún ejemplo español ¿por qué será?.

La circulación masiva en bicicleta es una opción que gana terreno ante la congestión y polución automovilística en grandes urbes. Aunque sin la exuberancia de las de Lyon ni la fama de las de Amsterdam, seduce a París y sus turistas. Su alquiler permite circulación limpia y amable y una visita diferente a la 'ciudad luz'. El viejo continente en dos ruedas. El éxito del verano.

 

Artículo publicado originalmente en eltiempo.com


El 15 de julio, la alcaldía puso a libre disposición algo más de 10 mil seiscientas bicicletas para alquilar, repartidas en 750 estacionamientos, cada 300 metros a lo largo y ancho de la ciudad. Dato clave para extranjeros: en los íconos turísticos como la Torre Eiffel, los Campos Eliseos o el Museo de Louvre no encontrará este tipo de estacionamientos pues una ley del patrimonio urbano prohíbe construir en el área de los monumentos históricos. Sin embargo, si camina un poco, los encontrará en las calles aledañas.

A la una de la tarde arrancó la primera bicicleta y al final de la jornada se habían alquilado cerca de 40 mil. "Récord total, no esperábamos tanto," asegura Albert Asseraf, director de marketing de JC Decaux, empresa que ganó la licitación para echar a rodar el proyecto.

El sistema es simple: usted escoge una bicicleta, la utiliza y la devuelve en el estacionamiento que más le convenga. La primera media hora es gratuita, la segunda cuesta un euro, la tercera el doble y de la cuarta en adelante tendrá que pagar 4. Truco para los tacaños: si su trayecto dura más de 30 minutos, devuélvala un poco antes y vuélvala a tomar unos instantes después. Así pedaleará gratis el tiempo que quiera.

La Vélib, como fue bautizada en intento de fundir el término velo (bicicleta en francés) y el concepto libertad, es el emblema de un proyecto ecológico impulsado por la administración socialista de París. Denis Baupan, encargado de transporte y miembro del Partido de los Verdes, es uno de sus mayores gestores: "Lo que queremos mostrar es que la política ecológica no es un castigo, que con ella es posible combinar utilidad y placer".

El sistema ha sido probado ya en varias ciudades europeas. Amsterdam, que ha pasado de ser la ciudad de los canales a la de las ciclovías, es sin duda el mito fundador de este concepto. Hace cerca de dos décadas que un proyecto similar a Vélib se puso en marcha pero fracasó por el robo. El fiasco no impidió sin embargo que sus habitantes sigan utilizando la bicicleta como principal medio de transporte. En un país donde incluso la reina posa en bicicleta para las fotos oficiales y donde se venden cerca de 2 millones de ciclas al año, muchas especialmente diseñadas para el comprador, sin importar si el sistema de bicicleta pública para alquilar es menor que el de uso privado. Cada holandés mayor de 15 años pedalea anualmente 883 kilómetros y todos están orgullosos de hacerlo por lo ecológico de esta opción.

Las ciudades escandinavas no se quedan atrás. Copenhague, Estocolmo, Gotemburgo, Oslo, para no citar pueblos, cuentan con tantas ciclovías como calles. Allí, desde hace décadas, la bici hace parte del paisaje urbano; las temperaturas glaciales de esta esquina del mundo no acobardan a la hora de pedalear.

La experiencia lo prueba. Para la muestra, Berlín. La bicicleta no funciona como sistema masivo de transporte si no se acompaña de un buen diseño. En la capital alemana se implantó hace 7 años un sistema similar a Vélib pero con énfasis en la construcción de ciclovías. Hoy, el 10 por ciento de desplazamientos en el centro son en bicicleta.

No es el caso de Londres, donde también se implemento 'casa', proyecto de bicicletas públicas en alquiler, Los habitantes de la capital británica tienen que armarse de valor para enfrentar densidad y peligros del tráfico. Trescientos ciclistas murieron en su ley o resultaron gravemente heridos en solo un año. La parisina Vélib ha encontrado su mayor fuente de inspiración en la roja de Lyon. Críticas: vandalismo, acceso, clima, seguridad etc.

Más que guerra al automóvil, el alcalde, Bertrand Delanoé, libra una batalla contra la polución. El burgomaestre asegura que el principal malestar que aqueja a los administradores de las grandes ciudades europeas es el hacinamiento: muchos habitantes en pequeñas urbes. "Tenemos un problema de salud pública, un problema de conservación del patrimonio que nos obliga a cambiar nuestra forma de pensar. Debemos poner la lucha contra la contaminación y por la calidad del aire en el centro de las decisiones que tomamos", afirmó al inaugurar Vélib.

La bicicleta es tan solo un pliegue más en el abanico de posibilidades que la alcaldía de París quiere ofrecer para el desplazamiento. Para escapar a la hegemonía del automóvil, la ciudad ha modernizado y diversificado el transporte público. Al refuerzo de metro, bus, tranvía y transporte fluvial se suman 371 kilómetros de ciclovías que, sin duda, han contribuido a un aumento del 48 por ciento en el uso de la bicicleta en la capital desde el 2001. A pocos meses de las próximas elecciones, el alcalde puede ufanarse de un balance alentador en términos de contaminación: una reducción del 32 por ciento de polución y del 9 por ciento en las emisiones de gas con efecto de invernadero.

Pese a ello, en torno a Vélib ronda el escepticismo. Aunque se prevé aumentar los caminos para las bicicletas antes de finalizar el año y colocar un total de 20.600 para alquiler, muchos piensan que se trata de una solución marginal. Si bien se reconocen simpatía y utilidad de la iniciativa, se insiste también en que la bicicleta Vélib es para quienes no tienen automóvil. Los que se transportan en su vehículo difícilmente lo cambiarán de forma regular por una cicla alquilada, auguran ciertas voces. Vaticinios que no asustan a Albert Asseraf de Decaux: "Uno de cada dos parisinos no tiene automóvil; quiere decir que la mitad potencialmente se transportaría en una Vélib. Contamos además con los habitantes de la periferia y, por supuesto, el caudal de turistas".

Pero las críticas van más allá. Dice un editorial de Le Monde: "El verdadero problema de los transportes parisinos se ubica en la escala de la aglomeración y es evidente que se necesitan cosas diferentes a las bicicletas para superarlo". Lo mismo debe pensar el alcalde de París, quien anunció a mediados de junio que antes de terminar el año los parisinos contarán con un sistema basado en los mismos principios de Vélib, pero para automóviles. Vehículos no contaminantes que se alquilan por horas y se toman y dejan en estaciones por toda la ciudad. "La idea es que uno tenga automóvil solo para los asuntos y los momentos indispensables".

Por Angélica Pérez - Periodista, Radio Francia Internacional.
París

Modificado el ( miércoles, 14 de noviembre de 2007 )
 
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