Los accidentes de tráfico y una reflexión para el debate
Escrito por Cicho   
martes, 29 de mayo de 2007
Mi objetivo es rescatar el viejo plantemiento de exigir al gobierno canario que limite y regule el número de coches en las islas como actualmente se está haciendo con la construcción de alojamientos turísticos.

Tal vez parezca algo escabellado, pero ya existen islas en el mundo donde esto se realiza. En muchas ciudades europeas existen barrios libres de coches donde se intentarecuperar el espacio perdido. Si se está cerrando el centro de muchas ciudades al coche tal vez podamos replantearnos cerrar pueblos y barrios...

Además del 1.200.000 muertos al año en el mundo en accidentes de tráfico no olvidemos que según la Comisión Europea la polución urbana provoca unas 350.000 muertes al año en Europa. Para España el mismo estudio calcula unas 16.000 muertes anuales.

Sumado ese aterrador dato al dato del número de muertos (4104 en 2006,heridos a parte) el resultado deja claro que es un problema ambiental y social de primerísima magnitud. Los problemas derivados del transporte relacionados con la enfermedad y los accidentes directos suponen el mayor problema de ecología social en Canarias puesto que MUERE GENTE.

A día de hoy, mientras su fabricación contamina barbaramente, los coches siguen saliendo de fábrica pudiendo alcanzar velocidades prohibidas en las carreteras. Mientras hemos hecho lo indecible por frenar el número de camas turísticas apenas hemos pensado en serio lo de limitar el número de coches en unas islas cada vez más hartas de carreteras, hartas de pérdida de suelo rústico y hartas de las continuas amenazas a sus espacios naturales. El hecho de que en Canarias se sigan vendiendo unos 215 coches de concesionario todos los días, y no levantemos la voz con fuerza como movimiento ecologista, tal vez se deba a que aún no hemos reflexionado lo suficiente.

En Canarias el fenómeno de "No en mi patio trasero" se refleja en el fenómeno implícito de "No te metas con mi coche" y olvidamos que, actualmente, somos más parte del problema que de la solución. Nos convencemos a nosotr@s mism@s pensando que nuestro coche sí es necesario y es el coche del otro el que está contaminando y produciendo el cambio climático.

Muchas veces nos callamos con posturas como "es el actual sistema de transporte el que nos empuja a usarlo" y escondemos el inconformismo ecologista que como movimiento nos ha hecho ganar múltiples batallas.

Usamos argumentos como "el transporte público no funciona bien" para convencernos, y después aleccionamos a la gente para que lo usen ellos y así contaminen menos. Es como si se dijera uno a sí mismo que no deposita el vidrio en el contenedor verde porque está en la acera de enfrente y le dijera al vecino que lo reciclara.

Mientras sigan entrando coches en Canarias se seguirán construyendo carreteras porque el coche constituye un símbolo social que tiene una demanda sobrealimentada basada en el imperativo tecnológico de "Todo ser humano que respire debe tener uno". Para hacernoslo creer nos bombardean todos los santos días en los medios de comunicación con mensajes como "tener coche es un derecho".

De este derecho inexistente en ninguna constitución o ley derivan otros derechos como el "derecho a tener aparcamiento en todos lados", "el derecho a tener carreteras dignas que me lleven a la puerta de mi casa aunque haya que expropiar las papas del vecino", "el derecho a ahorrarme 15 minutos en mi coche hasta el próximo atasco aunque la carretera pase por un espacio natural" y "el derecho de tener gasolina lo más barata posible aunque haya que bombardear algún país".

Aún no hemos comenzado lo que tal vez sea la más dificil lucha ecologista de Canarias, más complicada que evitar un pelotazo urbanístico o salvar un paraje o una especie animal. La lucha contra el motor contaminante y derrochador de energía, la lucha contra el motor que atropella y consume territorio, la lucha contra el motor que todos idolatramos, el motor que hipnotiza haciendo que la vida de muchos gire en torno a su equipo de
música, sus alerones traseros y sus llantas de aleación. Conseguir limitar el número de coches en Canarias como hemos exigido hacer con el número de camas turísticas, nos ayudaría a frenar los proyectos de carreteras. Nos ayudaría a evitar la expansión de urbanizaciones que ocupen nuestro suelo rústico, a defender nuestros espacios naturales y especies animales y vegetales..

Lo gracioso es que, parafraseando a Ilich, mimamos mucho el divino motor. Tal y como están las cosas, lo simpático de la cuestión es que, para comenzar el reto, tendremos que ser nosotr@s l@s primer@s en dejar de mimarlo.


Modificado el ( sábado, 11 de agosto de 2007 )